América Latina avanza en repatriación de piezas de su pasado

MÉXICO – Hace unas semanas la comunidad paleontológica brasileña logró una hazaña: después de una intensa campaña en medios y redes sociales, el fósil del dinosaurio Ubirajara jubatus, que había sido extraído ilegalmente de Brasil y llevado a Alemania en 1995, fue restituido a su país de origen.

Se trata del dinosaurio sudamericano con la evidencia más antigua de haber tenido estructuras similares a las plumas, y ha sido un detonante para que Brasil y otros países latinoamericanos logren mayor fuerza internacional para recuperar piezas de su pasado sacadas subrepticiamente de sus territorios.

El caso ha impulsado un nuevo proceso de repatriación de 45 fósiles que serán restituidos a Brasil por el gobierno francés, y se suma a otro proceso de restitución de más de 998 fósiles, todos extraídos de forma ilegal de la cuenca del Araripe, ubicada entre los estados de Ceará, Pernambuco y Piauí, al nordeste del país.

En un comunicado, el presidente de la Sociedad Paleontológica Brasileña (SPB), Hermínio Ismael de Araújo, afirmó que está ocurriendo una “transformación cultural en relación con la protección de los fósiles” y “el respeto a las comunidades científicas de América Latina”.

El fósil fue repatriado a Brasil casi tres décadas después de haber extraído ilegalmente del país. Imagen: Luara Baggi  (ASCOM/MCTI) Ministério da Ciência, Tecnologia e Inovação

“El caso del Ubirajara ya no es un caso aislado”, dijo a SciDev.Net el paleontólogo brasileño Max Langer. “Lo que vemos es que no solo los profesionales sino también la gente a la que le gustan los dinosaurios y la paleontología, ha puesto mucha presión en las redes sociales, así que los administradores de museos y revistas están respondiendo con retractaciones y restituciones. Creo que esto será cada vez más común”.

“Vivimos en un nuevo mundo en el que la opinión de la gente, cuando se une en las redes sociales, se vuelve más fuerte. No teníamos eso antes”, añadió.

Estos logros también han servido para denunciar públicamente el llamado colonialismo en la ciencia.

“Se está empezando a hablar del colonialismo científico, y específicamente el paleontológico, como una práctica en la cual investigadores de otro país van a un país, sustraen un recurso -en este caso un fósil- lo llevan a su propio país, lo estudian, lo publican y lo dan a conocer sin participación alguna de investigadores del país de origen”, señaló a SciDev.Net Pablo Toriño, paleontólogo y museólogo de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, de Uruguay.

“Hasta los años 90 o principios del 2000 todavía se la concebía como una práctica bastante normal, pero las voces se están empezando a alzar en estas últimas dos décadas”, complementa.

También México ha tenido repatriaciones exitosas: desde 2018 ha logrado restituir cerca de doce mil piezas arqueológicas, históricas y de carácter etnográfico que se encontraban fuera del país.

Tras medio siglo de espera, la escultura olmeca llamada Monumento 9 de Chalcatzingo volvió a su lugar de origen. Imagen: Gerardo Peña/INAH

“Una parte importante proviene de restituciones voluntarias de ciudadanos en Bélgica, Francia, Estados Unidos, Alemania o Países Bajos, por ejemplo, que se acercan a los consulados y embajadas para manifestar su interés en restituir a nuestro país estas piezas”, informó a SciDev.Net Alejandro Bautista Valdespino, subdirector de registro de bienes muebles Arqueológicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia en México.

“Cada vez hay más conciencia de verlos como patrimonio y no como una mercancía; son bienes arqueológicos, culturales, históricos que nos identifican y nos dan información de lo que somos y lo que hemos sido como sociedades. El despojarnos de ellos, y presentarlas como objetos de comercio en una subasta o en internet obedeciendo a simples leyes de mercado es quitarles su esencia”, explica Bautista.

“Es importante que estas piezas materiales estén en el lugar donde se encontraron o lo más cerca posible, porque eso estimula el desarrollo y el compromiso de las comunidades a cuidarlas, estimula el desarrollo de colecciones locales, y hasta pueden servir como motivación o como obligación gubernamental de políticas de Estado para su conservación”: Pablo Toriño.

Una de estas piezas, el Monumento 9 de Chalcatzingo, también conocido como “Portal al inframundo” fue devuelto a México hace unas semanas por parte de Estados Unidos, tras una espera de más de 50 años.

“Cuando fue indebidamente exportado a ese país se exhibió en algunos lugares en Nueva York, en Chicago, en algunos museos en estas ciudades. Se pudo trazar su ruta y con la intermediación de la Fiscalía de Manhattan se le logró ubicar en manos de particulares en Denver, Colorado. Es como un sueño que se haya logrado restituir a México”, relató el arqueólogo mexicano.

Otro ejemplo sucedió en Argentina en mayo de 2021, cuando Francia aceptó devolver los restos del cacique indígena tehuelche Liempichún Sakamata que estaban en el Museo del Hombre de París. Su tumba fue profanada en 1896 por un conde francés que en 1897 envió a su país estos restos junto con más de 1400 objetos.

Fernando Miguel Pepe, del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas en Argentina y fundador del Colectivo GUIAS (Grupo Universitario de Investigación en Antropología Social), quien ha acompañado a varias comunidades en Argentina en la restitución de restos de sus antepasados, también ve un cambio positivo en la restitución y estudio de restos humanos.

“Ya no se puede permitir que en el nombre de la ciencia se hagan estudios de restos humanos sin consentimiento libre previo informado, que es fundamental para cualquier estudio dentro de una ética científica. No somos oscurantistas, no estamos en contra de la ciencia, somos científicos que ponemos nuestro conocimiento al servicio de las comunidades y a favor de la restitución de restos de sus ancestros”, dijo el antropólogo.

Los tehuelches son un pueblo indígena de la Patagonia. Los restos de uno de sus caciques fueron repatriados recientemente. Imagen: Charles Wellington Furlong/Wikimedia Commons.

Paola Cosmai, jefa de trabajos prácticos en la Unidad Académica Bioética de la Universidad de Buenos Aires, considera que la repatriación se dificulta cuando estos restos humanos se denominan patrimonio de la humanidad.

Países como Inglaterra y Francia aún “se muestran reticentes a la restitución de dichos restos debido a argumentos basados en que son patrimonio de la UNESCO y de la humanidad en su totalidad, y que su conservación, cuidado y exposición debe continuar siendo llevada a cabo por esos países”.

“El desafío principal, no sólo de América Latina, es definir la propiedad de los restos aborígenes. ¿Son patrimonio de la humanidad? ¿Son patrimonio de los Estados? ¿Son patrimonio de las comunidades? ¿O de los individuos? Es un debate que debe ponerse sobre la mesa y que excede la problemática de los restos aborígenes”, dijo Cosmai a SciDev.Net.

Para Miguel Pepe, la repatriación -específicamente de restos humanos a las comunidades locales- muestra que el colonialismo científico puede ocurrir, incluso, dentro de las fronteras nacionales.

No obstante, aún quedan disyuntivas dentro de la misma comunidad científica.

“Parte de la misma comunidad que hizo un estupendo trabajo al lograr la sustitución del Ubirajara también está yendo por el lado equivocado al exigir que los artículos sean escritos o incluyan a paleontólogos brasileños”, dijo Langer. “La ciencia es una empresa global, no debería ser un problema que estos artículos no incluyan a especialistas del país”.

En lo que sí hay coincidencia es que lo importante es que estas piezas o restos vuelvan a sus países de origen para impulsar el desarrollo científico nacional y regional.

“Es importante que estas piezas materiales estén en el lugar donde se encontraron o lo más cerca posible, porque eso estimula el desarrollo y el compromiso de las comunidades a cuidarlas, estimula el desarrollo de colecciones locales, y hasta pueden servir como motivación o como obligación gubernamental de políticas de Estado para su conservación”, concluyó el uruguayo Toriño.

Este artículo se publicó originalmente en SciDevNet América Latina.

RV: EG

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