Los transexuales sufren cada vez más violencia y discriminación en Pakistán

PESHAWAR, Pakistán – Los problemas a los que se enfrentan las personas transgénero en Pakistán comienzan en sus hogares, ya que sus padres, sobre todo los paternos y los hermanos, las menosprecian y les faltan al respeto, afirma Pari Gul, de 20 años.

Gul, residente en el distrito de Charsadda, en la provincia noroccidental de Jaiber Pastanjuá, abandonó su casa a los 16 años cuando su madre se lo imploró, porque si no, su padre la mataría.

“Nací varón y me llamaba Abdul Wahid, pero cuando llegué a Peshawar y me uní a un grupo de transexuales, me pusieron un nombre femenino, Pari Gul. Desde entonces, voy a bodas y otras ceremonias festivas para bailar”, dice.  “La danza es mi pasión», explica.

Sin embargo, a menudo ha sido víctima de la discriminación y la violencia en esta ciudad, la capital provincial.

“Durante mis cinco años de carrera, me han pegado más de 20 veces. En todas las ocasiones los agresores quedaron impunes”, explica a IPS en una entrevista.

Las personas trans son a menudo objeto de ataques en Jaiber Pastanjuá, la tercera provincia en población y economía de las cinco en que se divide Pakistán, con la particularidad de ser la frontera internacional con Afganistán.

El 28 de marzo, un hombre mató a tiros a una persona transgénero en Peshawar. Fue el tercer incidente contra este colectivo en la provincia en menos de una semana. A pesar de ello, los ataques violentos a transexuales no se consideran un delito grave.

Khushi Khan, una transexual de 30 años, afirma que la falta de protección es el principal problema al que se enfrenta un colectivo especialmente discriminado en este país del sur de Asia de más de 240 millones de habitantes y con el Islam como su religión oficial.

“La gente nos desprecia. Nos consideran no musulmanas porque bailamos en bodas y otras ceremonias”, afirma.

“Hemos presentado al menos una docena de denuncias ante la policía en los últimos tres meses, cuando a nuestras compañeras les robaron dinero, las molestaron y las violaron, pero no ha servido de nada”, afirma Khan.

El mes pasado, los clérigos del distrito de Jaiber decidieron que no oficiarían funerales de las personas transgénero y pidieron a los files que los boicotearan.

Rafiq Shah, trabajador social, afirma que la gente ataca las casas de los transexuales, los mata, los hiere y los roba, pero la policía permanece como espectadora silenciosa.

“Hemos protestado contra la violencia con frecuencia, pero la situación sigue igual”, afirmó Shah.

Qamar Naseem, director de Blue Veins, una oenegé nacional que trabaja para promover y proteger a las personas transgénero, no está contento con el trato que recibe el colectivo.

“La seguridad es el principal problema de las personas transgénero. Alrededor de 84 personas transgénero han sido asesinadas en Pakistán desde 2015, mientras que otras 2000 se han enfrentado a la violencia, pero nadie ha sido castigado hasta ahora”, afirmó el activista.

La falta de acción de la policía y la justicia de la policía ha envalentonado a la gente transfóbica.

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“Los problemas de salud, transporte, medios de subsistencia y empleo han golpeado duramente a los transexuales. La mayor parte del tiempo han permanecido confinados en sus casas, situadas dentro de la ciudad”, afirmó.

Otra indefensión, dijo, es la falta de datos sobre el número de personas transgénero en el país, porque “el gobierno no se los toma en serio”.

Tribunal de la sharía restringe sus derechos

En mayo último,  el Tribunal Federal de la Sharía (ley islámica), encargado de verificar si las leyes respetan la sharía, asestó un duro golpe al suspender la aplicación de las normas de la Ley de Protección de los Derechos de las Personas Transgénero.

Farzana Jan, presidenta de TransAction Alliance, precisó que el fallo de ese tribunal determinó que las personas no pueden alterar su género a su propia discreción y aseguró que cláusulas específicas de esa ley, vigente desde 2018, contradicen la ley islámica. Esa posición “nos ha decepcionado”, dijo.

El tribunal declaró contrarias al Islam las secciones 3 y 7 y dos subsecciones de la sección 2 de la ley, cinco años después de que se su aprobación.

Algunos partidos políticos de derechas ya habían criticado a la norma, porque a su juicio su contenido era “promotor de la homosexualidad”, lo que provocaría nuevos problemas sociales.

“La Ley de Protección de los Derechos de las Personas Transgénero de 2018 es contraria a los preceptos del Islam establecidos en el Sagrado Corán y en la Sunna del Santo Profeta y dejará de tener efecto legal de inmediato”, según la sentencia.

Amnistía Internacional consideró que el veredicto suponía un duro golpe para los derechos del ya asediado grupo de personas transgénero y de género diverso en Pakistán.

A su juicio, algunas de las observaciones del tribunal de la Sharía se basan en presunciones y no en pruebas empíricas.

“La negación de los derechos fundamentales de las personas transgénero y de género diverso no debe guiarse por suposiciones arraigadas en los prejuicios, el miedo y la discriminación”, afirmó la organización defensora de los derechos humanos, con su sede mundial en Londres.

Amnistía remarcó que “cualquier medida adoptada por el gobierno de Pakistán para negar a las personas transgénero y de género diverso el derecho a la identidad de género contraviene las obligaciones que le incumben en virtud del derecho internacional de los derechos humanos”.

Citó entre los acuerdos que Pakistán incumpliría al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, de la que es el país es Estado parte.

“El gobierno debe tomar medidas inmediatas para detener la revocación de protecciones esenciales, sin las cuales las personas transgénero y de género diverso estarán aún más expuestas al acoso, la discriminación y la violencia”, añadió Amnistía.

El 12 de julio, representantes transgénero de todas las provincias celebraron una conferencia de prensa en la ciudad de Lahore, en el extremo noreste del país, donde condenaron con vehemencia la decisión del tribunal.

Arzoo Bibi, uno de los activistas participantes en el encuentro con los periodistas, dijo que era hora de permanecer unidos por la justicia y la igualdad.

“Nuestra mayor preocupación es la actitud de la sociedad y la policía”, dijo Arzoo.

T: MF / ED: EG

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